Relato: La Promesa

LA PROMESA

Liliana Gutierrez

Mi nombre es Valentina, tengo 26 años y estudio Diseño Industrial. Trabajo en el día como asistente en una empresa de arquitectos y con esto me pago mis estudios. Soy un poco despistada a veces y me encanta divertirme. Siempre me han gustado los hombres mayores pues estoy convencida que se toman la vida con la seriedad que se debe. Hace tres años conocí a un hombre de 40 años, su nombre es Luis es Contador y dirige una empresa de auditorías. Nos conocimos en la empresa para la que trabajo. Nos gustamos desde el primer momento y empezamos a salir. Luego de 6 meses de noviazgo me mude a vivir con él a un hermoso apartamento a las afueras de la ciudad. Antes de mudarnos a vivir juntos me aclaró algunas cosas sobre el como por ejemplo que es un hombre exigente, muy disciplinado, no permite que se violen las reglas, no le gustan las mentiras y que me recomendaba no incumplir ninguna si no quería tener problemas

-Aceptas estas normas? –me preguntó

– Si, claro que si –respondí y al siguiente día ya estábamos viviendo juntos.

Habían transcurrido casi dos meses y era el último día del semestre y siempre celebrábamos con mis compañeros la culminación de este con una reunión en un pequeño bar cerca de la universidad en donde bailábamos y bebíamos algunos tragos. El día anterior Luis me comento que tenía que salir de la ciudad por dos días, debía visitar a unos clientes en otra ciudad, entonces le dije que quería salir a celebrar el fin del semestre con mis amigos, no se opuso pero me hizo una serie de recomendaciones que debía cumplir, me tomo de la mano y me dijo:

-Me parece muy bien que te distraigas un poco, trabajas muy duro y soy testigo de lo mucho que te esfuerzas para cumplir que tus actividades académicas. Como vas a beber no te lleves el auto, mejor llamar un Uber. No quiero que bebas mucho pues me parece muy desagradable una mujer ebria y además te pones en peligro. ¿Está claro?

A Luis le gusta tener todo bajo control y yo no era la excepción.

-sí señor. No te preocupes no llevaré el automóvil y no beberé más de tres tragos. Te lo prometo.

– Me estás haciendo una promesa, espero que la cumplas, créeme no te gustará si no lo haces

Al día siguiente Luis, salió muy temprano, se despidió de mi dándome un amoroso beso

-Que tengas un hermoso día. Nos vemos mañana en la noche. Recuerda tu promesa. Te estaré llamando durante el día. Te amo

 

En la mañana me quedé dormida, no escuche el despertador

-Mierda, ya es muy tardes – dije saltando de la cama

Llamé un Uber pero como era hora pico fue imposible encontrar un conductor disponible, entonces decidí irme en el automóvil, y no beber, que gran idea.

A las 8:05 am recibí la primera llamada

-Hola linda, como estas ¿Cómo te fue camino a la oficina?

En mi mente buscaba la forma de decirle que había tenido que usar el automóvil, pero algo en mí no me permitió decírselo, sabía que me regañaría por levantarme tarde y no me dejaría salir con mis amigas, entonces decidí no decirle

  • Bien amor, salí a tiempo de casa y pedí un Uber –dije manteniendo mi voz tranquila para evitar sospechas
  • Qué bueno. Estas portándote como una niña muy juiciosa
  • Yo siempre soy juiciosa – dije sonriendo
  • Hasta ahora si. Espero que lo sigas siendo. Más tarde te llamo nuevamente. Te envió un beso enorme

Pasó el día muy rápido y recibí cinco llamadas más de Luis mientras estaba en el trabajo, y al salir recibí la sexta

-Hola linda, como ha ido tu día hoy?

– Bien amor ya voy para la  universidad. Recibiré la nota de la última asignatura que tenía pendiente y de ahí me reuniré con mis amigas.¿ Y tú como vas con tu trabajo?

– Muy bien, aquí todo está en regla. Espero terminar antes de lo previsto.

– Que bueno me alegra. ¿Y no te alcanzas a regresar hoy? – Pregunté para sondear la situación

-No creo linda. Además tú estarás con tus amigas, espero que te diviertas. Quedo tranquilo porque sé que  estas cuidándote y estas siguiendo mis indicaciones. Recuerda tu promesa

– Si mi amor, espero verte mañana

“Recuerda tu promesa”, estas palabras quedaron en mi cabeza pues ya la había incumplido. Pero como sabía que no estaría en casa cuando regresara, no me preocupé

Recibí mi nota y como era de esperarse la aprobé, un motivo más para celebrar. Cerca de las 9 pm ya estábamos en el bar con mis amigas. Pasó el tiempo y mis amigas bebían cerveza y yo agua. De repente mi mejor amiga me puso en las manos una cerveza fría

-Amiga una cerveza no te va a hacer daño, – me dijo- además celebrar con agua no es celebrar. Tomate esta y pedimos comida

Accedí pensando en que una sola cerveza no era problema, pero al pasar la noche bebí algunas más, no fueron más de tres. Terminó la noche y me fui a casa en mi auto, me sentía bien para conducir, no estaba ebria. Cuando llegué lo estacioné y subí al apartamento, oh sorpresa…. Me encuentro a Luis sentado en la sala con la pierna cruzada mirándome fijamente, no sabía qué hacer, me sentía avergonzada por haberle mentido, pero pensé que con una disculpa sería suficiente. Llegue bien a casa pero era evidente que había bebido y para desviar el tema le mostré mi mejor sonrisa

-Amor que bien que pudiste regresarte hoy, porque no me avisaste? Así no hubiese ido al bar.  Estoy feliz de verte –me lancé a sus brazos- y me detuvo antes de lograrlo

-Hueles a licor, bebiste y te llevaste el auto desobedeciéndome. Se levantó del sillón y se me acercó diciendome:

-Está muy mal lo que hiciste. Haz bebido y has llegado conduciendo en ese estado. La gasolina y el licor nunca son una buena combinación. No cumpliste tu promesa y me mentiste, esto es muy grave

Su rostro reflejaba decepción y se veía muy molesto. No sabía que decirle

-Discúlpame, solo bebí un par de cervezas y no te dije la verdad porque sabía que te molestaría y no me dejarías ir. De verdad perdóname –le dije mirándolo con cara de niña regañada–Mira estoy muy sobria, no tienes de que preocuparte

No permitió que me acercara. La frialdad de sus palabras hicieron que me sintiera aún peor

-Ve al cuarto, te pones la pijama, te acuestas y te duermes. Mañana arreglamos cuentas

Debido a las cervezas no entendí la magnitud de sus palabras e hice inmediatamente lo que me dijo, pues no tenía ánimos para discutir. Mañana lo arreglamos (pensé).

 

Sábado, 7 y 37 am, me despierto y me doy cuenta que Luis no está y que tampoco durmió conmigo pues su lado de la cama estaba intacto. Me dirijo a la cocina para beber algo frio ,la sed me esta matando y lo veo de pie junto a una de las sillas del comedor. Encima de la mesa veo mi cepillo de madera y su cinturón doblado a la mitad. Las mangas de la camisa estaban dobladas y su rostro reflejaba molestia

-Valentina cómo te sientes?- preguntó pasándome un vaso con jugo de naranja

– Muy bien amor, gracias –dije al recibir el jugo. Solo tengo un poco de sed – conteste sin imaginarme que venía después

Me miró fijamente mientras me terminaba, en cuestión de segundos, el jugo luego se me acercó retirando el vaso ya vacío de mis manos

-Me alegro que hayas amanecido bien, porque hoy será un día que nunca olvidarás – me dijo sin quitarme la mirada y siguió:

– Ayer fuiste muy irresponsable Valentina, me mentiste respecto al auto, llegaste conduciendo después de haber bebido poniendo en peligro, no solo tu vida sino también las de otras personas, me desobedeciste e incumpliste tu promesa. Anoche te dije que hoy arreglábamos cuentas. Quiero que entiendas que no debes ponerte en riesgo bajo ninguna circunstancia, lo que hiciste ayer estuvo muy mal y este  inadecuado comportamiento debe ser castigado. Me quiero asegurar que no vuelva a pasar. Eres mi responsabilidad y es mi tarea corregirte

No sabía que decirle, sentí que me temblaban las piernas. Se apoderó de mí un gran temor al escuchar sus palabras pues nunca se había molestado tanto conmigo

Sacó una de las sillas del comedor y sentó. Me miraba fijamente llamándome con su dedo índice mientras me decía:

-Quiero que vengas aquí a recibir tu castigo y no tienes derecho a decir nada.

Obedecí inmediatamente sin decir ni una palabra, ya estaba demasiado molesto y no quise arriesgarme a que las cosas se pusieran peor, yo sabía que él tenía razón.  Cuando estaba cerca de él me tomó del brazo y me jaló dejándome boca abajo sobre sus rodillas

-Ya que te has esforzado tanto para ganarte un muy buen castigo vamos a empezar –dijo bajándome el pantalón de la pijama y las bragas hasta las rodillas

-No tienes derecho a castigarme, no soy una niña – dije levantando la voz y moviéndome para intentar escapar de esta posición

– Dices que no eres una niña, pero tu comportamiento dice lo contrario –dijo dándome un fuerte azote en mi nalga derecha – Además recuerda que cuando decidimos vivir juntos estuviste de acuerdo con mis reglas. Recordé entonces las normas que yo había aceptado y guardé silencio

– No quiero que me castigues por favor, te lo ruegoooo –le dije poniendo mi mano derecha en mi trasero

-No mi niña, no tienes escapatoria, te lo haz ganado – me contestó retirando mi mano del trasero y sosteniéndomela en la espalda

Sabía que él tenía razón y sentía verguenza

–Ahora contéstame, sabes porque estoy haciendo esto?

No respondí a su pregunta y entonces sentí otro fuerte azote con su enorme mano

-Contesta Valentina, sabes porque estoy haciendo esto?

-Auchhhh – dije tan pronto sentí la nalgada y me apresure a contestar  – si señor por desobedecerte y ponerme en peligro

Sentí otra nalgada

-Y porque más? –preguntó

-Auuuchh, por mentir, por mentir – Contesté rápidamente. Ya me empezaban a arder las nalgas

-Muy bien. Tu castigo será el siguiente –dijo

– Vas a recibir 30 azotes por desobedecerme y 30 más por ponerte en peligro y serán con el cepillo

Por Dios- pensé y mi cabeza daba vueltas- jamás me había pasado algo así, nunca nadie me había azotado, ni siquiera mis padres

Y con otra nalgada me contestó

-Vas aprender a cumplir tus promesas y no me pidas piedad por que no te la mereces y lo que vas a lograr es que aumente la cantidad de azotes que vas a recibir.

Decidí callar y soportar con valentía el castigo

Dándome una última nalgada con su mano me dijo:

-Vas a contar en voz alta cada azote que te recibas. Si pierdes la cuenta, volvemos a empezar. Está claro?

– Si señor, contesté sollozando

Al caer el primer azote con ese maldito cepillo sentí que me moría –Unoooo- dije y seguí contando cada uno

-Dos, auchhh

-Tres, auuuuch

-Cuatro noooo

Al recibir el décimo ya tenía los ojos llenos de lágrimas, sentía que no podía soportar más

-ONCEEEEE AUUUUCH –recibí el azote en donde termina el culo y empiezan las piernas. Era insoportable. Cuando conté los primeros 30 azotes, se detuvo por un momento y con una voz muy tranquila me dijo

-Ahora empieza la segunda parte del castigo y estos son por ponerte en peligro – diciendo esto empezó nuevamente el suplicio

– Cincuenta y ocho nooooooo por favoooor, no máaaaas

– Cincuenta y nueve noooo Dioooos

– Sesenta snif snif

Me ayudo a levantarme de sus rodillas, sentía que mi trasero ardía en llamas y mi rostro bañado en lágrimas. Nunca pensé ser castigada de esta forma

-Espero que la lección haya quedado bien entendida. Todavía tenemos castigo pendiente –dijo en voz grave- quiero que vayas y te duches, y dejes la puerta del baño abierta

-si señor – conteste llorando y sobándome el trasero

Que seguirá ahora – me pregunté – quitándome la ropa para entrar a la ducha. Decidí poner el trasero bajo el agua para calmar un poco el dolor, lo sentía ardiendo. Después de unos minutos él entro al baño, yo ya había empezado a enjabonarme con mucho cuidado cuando llegué a mi culo brinque del dolor así que lo enjaboné con mucho cuidado. No sabía lo que me esperaba minutos después.

Al terminar mi ducha abrí la puerta para tomar la toalla y secarme, y lo vi parado en la puerta con las manos atrás y mi toalla en el suelo a lo largo del baño. Tenía su rostro demasiado serio y escondía algo en las manos, que en ese momento no sabía que era porque tenía las manos atrás de la espalda. Su voz era calmada pero imponente

-Cierra la ducha y ven para acá. Ten cuidado al salir – dijo – Y se adelantó a darme la mano para salir de la ducha y caminar sobre la toalla, fue cuando divisé en su manos su cinturón de cuero marrón el cual tenía doblado por la mitad. Luego me puso una toalla pequeña sobre mis hombros, dejando al descubierto mis nalgas.

En la habitación teníamos un sofá de cuero color negro que utilizábamos de vez en cuando para sentarnos a ver alguna película y en uno de sus brazos se encontraba una toalla extendida cubriendo gran parte del sofá. Me llevó hacia él y dijo con voz autoritaria

-Acuestate en el brazo de sofá, quiero ver tu culo en pompa y listo para continuar

Al oir estas palabras regresó el llanto a mis ojos y me arriesgué a rogarle nuevamente

– Noooo por favor, ya aprendí a lección, no massss por favoooor

– TE DIJE QUE NO TENIAS DERECHO A DECIR NADA –dijo –NO ESTAS EN POSICION DE PEDIR  NADA, te acabas de ganar 10 azotes más y sigue hablando y van aumentando. Esta es la tercera parte del castigo, por la falta más grave que fue decirme mentiras. Inicialmente eran 40 pero ahora recibirás 50 azotes con el cinturón y si te mueves así sea un poco, volvemos a empezar.

No tuve más remedio que dejar a su merced mi adolorido y mojado trasero sin derecho a nada

-Empieza a contar  -dijo

Diciendo esto lanza el primer azote

-Zas- Unooooo

-Dooos ayyyy Dios

-Treees snif snif snif

Así continúo por largo rato, me pareció eterno. Cada 5 correazos me recordaba que no debía volver a decirle mentiras. Sentía que mi piel se iba a desprender de mis huesos. El dolor era demasiado intenso pero si me movía volveríamos a empezar y no creía poder soportarlo

— Treinta y tres, no puedo massss -dije

-No te preocupes, el culo aguanta todo. Tú te lo buscaste, así que sigue contando – dijo

– Treinta y nueveeeee

-Cuarentaaaa  snif snif

– Recuerda son 10 más, quiero que los cuentes y me pidas darte el siguiente diciendo “Gracias señor, deme otro por favor”. Empezamos desde uno

La humillación no podía ser más, me pidió que le agradeciera por azotarme, es imposible olvidar el sonido del cinturón cortando el aire antes de chocarse contra mis nalgas zas, zas, zas

-Unooooo snif, snif Gracias señor, deme otro por favor

– DOOSSS  gracias señor, deme otro por favor

Seguí contando y gritando cada vez que recibía el siguiente. Sentí que me desmayaba del dolor.

– DIEEEZZZ gracias señor, deme otro por favor

– Sé que lo mereces –dijo – pero tu castigo ha terminado

Me ayudo a incorporarme y las piernas parecían gelatina, sentí que no podía mantenerme en pie entonces me abrazó

-Mi niña hermosa, espero que hayas aprendido la lección. Siempre te va a doler más a ti que a mí, tú decides si quieres darme ese placer

Me recosté en su hombro y lloré como nunca

-Sé que vas a tener varios días para recordar lo que hiciste cada vez que te sientes. Te amo y lo haré cada vez que hagas méritos.

A partir de ese día he recibido bastantes castigos, creo que algo pasa conmigo, me gusta portarme mal para darle el placer que quiere y el mío también.

Autora: Liliana Gutierrez

Colombia

 

 

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